En la actualidad el dolor lumbar (DL), sin ser considerada una enfermedad ni entidad diagnóstica, es un problema que podemos encontrar cada vez más a menudo entre la población adulta, y que potencialmente un ochenta por ciento de la población podrá sufrirlo en algún momento de la vida. Este hecho supone un importante menoscabo a nivel funcional respecto a la salud y calidad de vida individua.

La Organización Mundial de la Salud señala que el DOLOR LUMBAR no es ni una enfermedad ni una entidad diagnóstica, sino que se trata del dolor de duración variable en la espalda, y que alrededor del 70-80% de las personas presentará en alguna etapa de su vida (Dillingham, 1995). Su relevancia radica en la incapacidad que provoca para continuar desarrollando actividades de la vida diaria y laboral, así como en la afectación de la calidad de vida, y por tanto en los gastos sociales generados por esta situación.

El dolor lumbar crónico (DLC) es el síntoma clínico informado con mayor frecuencia de enfermedades ortopédicas en Europa y Estados Unidos. Más del 50% de las personas en los Estados Unidos están afectadas por DL, y es la principal causa de ausencia al trabajo y discapacidad permanente (Chang et al., 2015). Además, el 62% de las personas que experimentan su primer episodio de DL desarrollarán síntomas crónicos que durarán más de un año (Hestbaek et al., 2003).

Pese a que las patologías asociadas al raquis lumbar son múltiples y habría que revisar y exponer la posible relación o no entre estas y el dolor lumbar, no es el objetivo del presente artículo. Por ello y por orden de frecuencia consideraremos únicamente el hecho de que el dolor lumbar suele englobar tres grandes síndromes (Seguí y Gervás, 2002):

  1. Lumbalgia mecánica aguda o lumbago.
  2. Lumbo-ciática aguda (ciática y ciatalgia).
  3. Estenosis lumbar.


Figura 1. Causas primarias y secundarias del dolor lumbar (Seguí y Gervás, 2002)

En base a todo esto, se puede determinar que las causas de la lumbalgia crónica son complejas, algunas de los cuales son desconocidas y por ello a menudo se refiere esta situación como DL no específico o inespecífico. Una causa fundamental implica el debilitamiento de la musculatura del tronco y pared abdominal (Lee et al., 2014), por eso para mitigar el DL y mejorar la movilidad es habitual recomendar el fortalecimiento de estos músculos. También se ha podido comprobar que los sujetos con DL e inestabilidad raquídea presentan alteraciones/retrasos del control motor y timing de la musculatura profunda del core (especialmente transverso abdominal, oblicuos internos y multífidos) ante fuerzas externas en comparación con personas asintomáticas (Hodges y Richardson, 1996; 1998; 1999). El DL también está asociado a una capacidad limitada para contraer conscientemente el transverso abdominal (Marshall y Murphy, 2006) y a una disfunción de la musculatura del suelo pélvico (Arab et al., 2010; Xia et al., 2013), entre otras disfunciones.


Figura 2. Algoritmo de la evolución natural del dolor lumbar (Seguí y Gervás, 2002).

  1. Cuando no existe dolor y a fin de prevenir la aparición del mismo, puede ser recomendable realizar ejercicio físico de forma regular y adecuadamente controlado, teniendo en cuenta como factor fundamental el hecho de que será esta regularidad y dosificación la que garantizará la adhesión como factor fundamental para el potencial éxito (Hayden, Van Tulder & Tomlinson, 2005; Bertozzi et al., 2013; Kay et al., 2012).
  2. Se debe considerar, en cualquier caso, que los beneficios del programa de ejercicios son más a medio-largo plazo, aunque algunas investigaciones actuales parecen mostrar efectos agudos relevantes. En esos beneficios a corto plazo el ejercicio dirigido a la mejora de la estabilidad del core, en comparación con un ejercicio de carácter más “general”, parece poseer un mayor potencial respecto a la eficacia para la disminución del dolor y mejora de la función específica. Sin embargo existen todavía importantes limitaciones derivadas de la baja calidad de los datos y metodología y potencia de los estudios (Wang et al., 2012).
  3. Cuando exista dolor y con supervisión médica, intentar mantener un grado mínimo de actividad física (a este respecto resulta fundamental igualmente la supervisión de un profesional del ejercicio), limitando la eliminación del ejercicio físico moderado-intenso a los episodios de dolor agudo o fases de exacerbación del dolor crónico (Bertozzi et al., 2013; Airaksinen et al, 2006; Hayden, Van Turlder, Malvaara & Koes, 2005; Van Tulder et al., 2006; Chou &Huffman, 2007).

Desde una perspectiva operativa la programación del entrenamiento atenderá a estructuras a corto y medio plazo (unidades de entrenamiento, microciclos y mesociclos respectivamente), (Heredia y Peña, 2016; Heredia et al., 2011; Heredia et al., 2014). Dichas estructures operativas se establecerán partiendo de un modelo de planificación específico de programas de readaptación funcional (y por tanto no aplicables a otros contextos u objetivos) dividido en tres grandes fases (Heredia et al., 2014):


Figura 3. Propuesta de 3 fases en la rehabilitación lumbar basadas en aprendizaje motor a partir de O´Sullivan (2000)

Fase I: Cognitiva

Entre los primeros objetivos estará el lograr que el sujeto active la musculatura “profunda” y además logre una adecuada capacidad de disociación y control lumbo-pelvico y lograr una lordosis fisiológica en cualquiera de las posiciones de carga. El entrenamiento de la respiración diafragmática independientemente a la activación de los músculos transversos de la pared abdominal y del suelo pélvico. El logro de la mejora del control postural básico en torno a una zona neutra a través del control de la región lumbo-pélvica de modo independiente al torax y las caderas, mejorando la movilidad de la región dorsal y coxo-femoral, son objetivos fundamentales en esta etapa.

Entre los objetivos en esta fase considero:

  1. Aprendizaje de maniobras básicas de co-activación (Hollowing, Bracing, Lewit)
  2. Mejora patrón ventilatorio-reentrenamiento respiratorio.
  3. Mejora del control postural básico (aprendizaje posición de zona neutra)
  4. Mejora de la movilidad cadera y raquis dorsal
  5. Mejora resistencia muscular y fortalecimiento preferencial musculatura cadera y tronco
  6. Mejora capacidad control y estabilización estática en tareas simples y lineales en todos los planos de movimiento.

Fase II: ASOCIATIVA

La segunda fase, es una etapa de cierta continuidad e incorporación de nuevos objetivos a medida que el sujeto progresa y se van produciendo las pertinentes adaptaciones. Se intenta progresar en la capacidad para reproducir y perfeccionar ciertos patrones de movimiento en torno a una zona neutra, con adecuados niveles de coactivación, fundamentalmente en tareas estáticas y dinámicas simples.

Sin embargo, quizás deberíamos revisar las pautas tradicionales en este sentido y no realizar un número elevado de repeticiones al menos en las primeras fases (O´Sullivan, 2006). De igual manera se ha de progresar ya hacia mitad y final de esta fase en relación a tareas en bipedestación que permitan acciones secuenciales y/o combinadas de empuje y tracción en esta posición de bipedestación, incluso en apoyo unipodal, a alcanzar en la fase de integración.

Los objetivos a considerar en esta etapa, con continuidad a los de la etapa anterior serán:

  • Mejora control y estabilidad tridimensional tronco.
  • Mejora capacidad control y estabilización estática y dinámica en acciones combinadas de MMII y MMSS en todos los planos de movimiento.
  • Mejora resistencia musculatura tronco

Fase III: INTEGRADORA

se pretende alcanzar una cierta autonomía que permita desarrollar las tareas específica propias con adecuados patrones de control y estabilidad con intensidades similares o ligeramente superiores a las requeridas por la especialidad deportiva o las tareas de la vida diaria y laboral.

Así, respecto a esta fase, los objetivos se orientan hacia:

  • Mejora del control y estabilidad tridimensional del tronco.
  • Mejora de la capacidad control y estabilización estática y dinámica en acciones combinadas de MMII y MMSS en todos los planos de movimiento.
  • Mejora de la resistencia de la musculatura del tronco


Figura. Propuesta de programa para la readaptación funcional del dolor lumbar.

Los ejercicios deben ser adecuadamente adaptados y planteados en base a progresiones siguiendo los criterios generales establecidos en casa fase. El proceso deberá ser controlado y dirigido por un profesional de la Ciencias del Ejercicio.