De acuerdo con un estudio del departamento de musicología de la Universidad Ghent, en Bélgica, sugiere que el tipo de música que se escucha durante un entrenamiento físico influye en el ritmo de los movimientos.

Al respecto, los especialistas refieren que la música aumenta el rendimiento y la sensación de alerta debido a que esta contribuye a la segregación de sustancias cerebrales (neurotransmisores) que impulsan el estado de ánimo, así como de sustancias opiáceas, las cuales se vinculan con el placer y la euforia.

Es decir, los patrones y la complejidad de las notas del compás influyen en la sincronización de los pasos al caminar o correr y alteran los niveles de energía de los movimientos propios.

 En la investigación publicada en la revista PLOS One, se detalla que al analizar las características de la música como el ritmo y tono, los investigadores detectaron que las canciones simples y predecibles animan los movimientos, es decir, llenan de energía al cuerpo, que aquellas con son más complejas y expresivas.

Otros estudios han sugerido que la música puede incrementar el tiempo en que alguien práctica algún ejercicio, realizarlo más rápido, y disminuir el sentimiento de que se realiza un gran esfuerzo, por lo que se puede disfrutar más de la actividad.

En el caso de un ejercicio aeróbico, parece que un ritmo sencillo y rápido es importante. Según investigaciones, el heavy metal, el pop rápido o el hip-hop son géneros idóneos para estimular el sistema nervioso y facilitar la conducta física y la expresión corporal, lo cual se traduce en un mayor rendimiento.