¿Cómo eran aquellos atletas?

Tenían que ser griegos, libres, hijos legítimos, no haber sido deshonrados y participar en las competiciones completamente desnudos. La desnudez era una característica obligatoria ya que en la antigua Grecia representaba la pureza. Sin embargo, debido a ella, al estadio donde se desarrollaban las competiciones no podían acudir todas las mujeres, solo las casadas. Si las solteras quebrantaban la norma, el castigo era la muerte.

Entrenamiento

Los atletas generalmente entrenaban en un gimnasio específico para su deporte llamado xystos, donde eran entrenados con frecuencia por los ex campeones. La gran mayoría de su entrenamiento consistía en la práctica de las habilidades de su deporte. En el boxeo y la lucha libre, ninguna de las cuales contaba con categorías de peso, la mayor parte del tiempo la pasaban entrenando y luchando. En el pankration, un concurso de lucha en el que solamente se prohibía morder y sacarle los ojos a alguien, se dedicaba mucho tiempo al sparring (combate), pero de una manera más suave.

Entrenamiento no específico

Una de las maneras en que la que los atletas se mantenían en condición era a través de la vida cotidiana. Como todo se hacía a mano, la cantidad de trabajo físico llevada a cabo por un atleta, además de su entrenamiento generalmente servía como un excelente programa de entrenamiento fuera de temporada. Muchos atletas que competían en varios eventos, como cualquiera de los concursos de lucha, carreras incluyendo carreras de carros, o el lanzamiento de jabalina, eran miembros activos de las fuerzas armadas y gran parte de su entrenamiento era combativo por naturaleza. Los hoplitodromos eran una carrera a pie en la que los concursantes llevaban una armadura que consistía en un casco, grebas y un escudo.

Entrenamiento y educación

En el curso de su formación, aunque un atleta podría pasar mucho tiempo entrenando el cuerpo, por lo general a través de ejercicios de peso corporal y acrobacia, también pasaba tiempo cultivando la mente. Una palestra, o antigua escuela de lucha griega, además de lugares con equipos como bolsas pesadas, también se consideraban sitios para la educación donde a los jóvenes se les enseñaban los ideales griegos como parte de un todo en torno a la educación. El concepto de “mente, cuerpo y espíritu” no era solamente un lema para los antiguos atletas, sino una forma de vida.

Entrenamiento adicional

Cualquier formación específica que los atletas necesitaran tenían que llevarla a cabo por su cuenta. Dada la falta de entrenamiento de tiempo completo y la necesidad de trabajar en casa, muchos atletas solamente corrían para entrenarse o realizaban ejercicios de peso corporal en su casa para complementar el trabajo que hacían a menudo como soldados. Las cantidades agotadoras de trabajo físico durante el transcurso del día que se requerían, superaban muchos programas de acondicionamiento de hoy en día. Los canteros eran conocidos por su fuerza física y esto les ayudaba bien en eventos de lucha de cuerpo a cuerpo. Los mensajeros tenían mejores resultados en las carreras. Por tanto, incluso los antiguos atletas entendían la necesidad de un entrenamiento transversal, así como de una formación específica, pero existen pocos registros de los detalles.

Las dietas de los primeros deportistas

Filósofos, primeros nutricionistas y preparadores físicos:

Los filósofos de la antigüedad, además de las cuestiones puramente filosóficas también se encargaban de opinar acerca de los entrenamientos y la alimentación que debían seguir los atletas.

Filostrato, describe un sistema de entrenamiento secuencial conocido como “Tetrada”, que consistía ciclos de 4 días dedicados a diferentes actividades. El primer día se preparaba al atleta mediante baños, masajes y charlas con el entrenador. Se entrenaba duramente la especialidad durante el segundo día, mañana y tarde. El tercero se dedicaba a la recuperación y relajación y el cuarto era de trabajo mediano incluyendo competiciones de la especialidad: carreras, salto, lanzamiento o lucha.

Galeno en sus escritos deja constancia de cómo era la vida diaria de los atletas de su época. Estos, se levantaban tarde ya que el descanso era considerado algo fundamental para poder desarrollar correctamente el entrenamiento. La alimentación de los deportistas consistía en pan poco fermentado, a continuación pasaban a realizar el entrenamiento correspondiente hasta el momento de la cena, la cual consistía en una comida copiosa que se alargaba durante mucho tiempo para sacar la máxima sustancia a los alimentos y realizar la digestión correctamente, aspecto al que le daban gran importancia.

Por otra parte, Galeno apuntaba que los atletas solo debían consumir carne de cerdo ya que otro tipo podía disminuir sus condiciones físicas. Por otra parte, Platón y Diógenes permitían el consumo de carne de buey y Filostrato prohibía el consumo de pescado.
En cuanto a lo que debían de beber, las opiniones eran muy dispares. Galeno, después del entrenamiento, no permite el consumo de vino, sólo da como buena la hidratación mediante agua. Epicteto no apuntaba ninguna bebida como perjudicial para el atleta, lo que sí menciona es que las temperaturas frías de las bebidas influyen negativamente en el deportista.

Uno de los grandes mitos de los Juegos Olímpicos en la segunda mitad del siglo IV a. C. fue Milón de Crotona, que fue vencedor en seis olimpiadas seguidas, desde el año 540 a.C. hasta el 512 a.C. año en el que fue derrotado tras 26 años de éxitos y a los 40 años de edad.

Su legendaria fuerza y su incansable apetito lo convirtieron en un mito, le encantaba demostrar su titánica fuerza, por eso en muchos de los cuadros y esculturas de la época aparece con una fruta en la mano, concretamente con una granada y se dice que nadie en todo su tiempo como atleta pudo abrirle dicha mano y además nunca rompía el fruto de entre sus dedos.

Pero este impresionante atleta, si por algo ha trascendido a la ciencia del deporte, es por uno de sus entrenamientos que realizó para unas olimpiadas. Empezó a preparar unas olimpiadas cuatro años antes, en ese tiempo Milón empezó a cargar en sus hombros a todo lugar donde iba, una cría de becerro, no sólo le acompañaba en su vida cotidiana sino también en sus largos entrenamientos, a medida que pasaban los años el becerro iba creciendo y pesaba más, así que Milón cada vez era más fuerte, así hasta que llegó a trasportar a un becerro de cuatro años.

Para entonces no había nadie tan fuerte ni tan preparado en su disciplina como él, arrasando en dichas Olimpiadas.
Este fue el principio fundamental de la “Sobrecarga progresiva” que se aplica a todas las disciplinas; si se hacen ejercicios de bíceps con 40 Kg y siempre las mismas repeticiones, nunca se podían levantar más de 40 Kg, lo ideal es realizar una sobrecarga progresiva en el tiempo, introduciendo factores como más peso, más repeticiones, más intensidad o menos tiempo. Tiene toda su lógica, a menudo se encuentra a gente estancada en un peso determinado y de ahí no es posible pasar.

Al final Milón de Crotona tuvo un final tan trágico como curioso; a Milón le encantaba destrozar árboles con sus manos, hasta que quedó atrapado en un árbol milenario, cuanto más intentaba sacar los brazos de las hendiduras más atascado se quedaba. Al final, fue pasto de los lobos y no disfrutó de los éxitos.
La alimentación de Milón de Crotona era muy peculiar, se comía cada día 9 Kg de carne, otros 9 Kg de pan y 8 litros de vino, más de 57.000 Kcal/día.
En aquella época la voracidad de los atletas era tremenda, así describe Ateneo que Milón de Crotona llegó a comerse un toro de una sentada.
Aegon, era un pastor que se dedicaba a la gimnasia y llegaba a comerse las raciones de 80 personas.
Los relatos sobre la increíble hazaña de comerse un buey entero solo reflejan cómo se incitaba a los atletas a comer lo más posible en la creencia de que ello acrecentaba sus posibilidades de éxito.

Describía Galeno que apenas comían otra cosa que carne, y si dejaban esta alimentación se debilitaban sus fuerzas.

La ciudad de Olimpia fue enriquecida arquitectónicamente a lo largo de la historia; en el Siglo V a.C. Se construyó el Senado Olímpico, la residencia y el comedor de los atletas y el santuario del fuego de Hestia y es cuando se edifica el gimnasio y la palestra para los entrenamientos.

La carrera fue una gran afición de los griegos y única disciplina de las primeras olimpiadas; había diversas modalidades: el “stadion”, el “diáculo” o doble estadio, “dolico” o carrera de fondo y la carrera hoplítica. El salto de longitud era el único tipo de salto que se celebraba en los juegos aunque formaba parte del pentatlón, que medía las cualidades óptimas del guerrero con la carrera, jabalina, disco y lucha. El lanzamiento de disco tenía su origen en el de piedras y se realizaba igual que en la actualidad. El de jabalina, de madera con punta de hierro tenía las modalidades de longitud, precisión y precisión a caballo. En cuanto a los combates se encontraban la lucha, deporte habitual en el gimnasio y la palestra, el boxeo y el pancracio que era una combinación entre la lucha y el boxeo en el que casi todo estaba permitido. Por último se añadían las carreras carros en el hipódromo dando seis vueltas completas a la pista. Vemos así, como las olimpiadas comprendían equilibrado y muy completo conjunto de ejercicios.

En el intenso entrenamiento en el que los atletas debían untarse con aceite y luego con tierra para proteger el cuerpo, el entrenador los instruía en alimentación, higiene y características físicas y morales como si fuera médico o psicólogo.

La dieta se basaba en el consumo de pan blanco, pescado, quesos, huevos y carne; en cambio debían evitar las bebidas frías y los postres dulces. Cada competidor elegía diferentes tipos de carne para mejorar en su especialidad.

Resulta curioso que intentan engañar al propio cuerpo, ya fuese practicando el dopaje con abrojos y los más extraños compuestos inimaginables desde la antigua Grecia.

Las crecientes exigencias de la competición propiciaron un enorme desarrollo de los estudios sobre la dieta alimentaria.  Según Filostrato y Pansorias, la dieta de los atletas de los primeros siglos era vegetariana y se componía básicamente de higos, quesos frescos y pastas de harina, de trigo y cebada. Hacia el Siglo V a.C. se introdujo el consumo de carne, que generalizan rápidamente, sobre todo entre atletas de pruebas de fuerza (boxeo, lucha, pancracio).

La polémica sobre si la alimentación había de ser rica en carne, vegetariana o mezcladas, existía ya en la antigüedad. En la época de consumo generalizado de carne se rechazaba toda clase de pescado.
El refinamiento alcanzó incluso al pan, los atletas comían golosinas como pan de harinas finas de trigo, con simientes de adormideros. Hay que destacar que existía la creencia que para asimilar mejor la comida se debía ingerir abundantemente después de unos fuertes ejercicios y luego dormir a pierna suelta, algo que hoy sabemos que no es aconsejable.

La cuestión dietética suscitó acaloradas discusiones, debido a que en menor sentido prevalecían las tesis anteriores y en otro, las recomendaciones de los mejores médicos de la antigüedad como Heródico e Hipócrates.

Heródico dejó dicho: “La comida y los ejercicios físicos se apoyan mutuamente con objeto de mantener la salud”.

Epicteto decía que para obtener una victoria en las Olimpiadas debían: “Vivir ordenadamente, comer de acuerdo con las prescripciones, prescindir de los dulces y hacer ejercicio a la hora fijada, haga frío o calor. Tampoco debían beber nada frío ni vino”.

Esto debe servir para recordar que la preocupación por las relaciones entre la nutrición y la salud no es un fenómeno nuevo en la historia. La preocupación actual por esta cuestión, justificada en el enorme aumento de los conocimientos de nutrición, ha debido estar muy presente en la mente de nuestros antepasados desde los tiempos más remotos.

Lo sorprendente es que muchas de las ideas primitivas, más o menos disfrazadas, persisten todavía en flagrante contradicción con los conocimientos científicos que actualmente poseemos.

La dieta olimpica

Fue creada por la doctora Samantha Stear y respaldada por la Asociación Olímpica de Gran Bretaña, la cual describe en un libro titulado “Fuelling Fitness for Sports Performance” el plan dietario de un deportista olímpico.

Desayuno:
– 65 gr de cereales con medio litro de leche.
– 4 rodajas de pan con 4 cucharadas de mermelada.
– 400 ml. de jugo de naranja.
Después de entrenar: Un panecillo con dulce, yogourt y media fruta, más una bebida energizante.

Almuerzo:
– 6 rodajas de pan
– Verdura con patatas
– Un plátano
– 250 ml de leche

Después de entrenar:
– Un bollo de pan con miel
– Un plátano o 50 gr de uvas pasas
– 500 ml de bebida energizante

Cena:
– 300 gr de fideos
– Salsa de tomate con brócoli
– Una manzana
– Arroz con leche
– 500 ml de jugo diluido

Comida adicional:
– 90 gr de cereales con
– 400 ml de leche

Esta dieta es para un atleta de 90 kg que entrena de dos a 4 horas cada día.

El dopaje

Cuando la ingesta de carne no surtía efecto, recurrían al consumo de testículos de ovino o de toro para aumentar los niveles de testosterona, considerado el mejor anabolizante. También se recurrió al consumo de abrojos, que aumentan los precursores de la testosterona facilitando la construcción muscular, los cuales estimulaban el sistema inmunológico y activaban la médula ósea aumentando los glóbulos rojos. Cocían cola de caballo para evitar la fatiga y comían algunos panes aderezados con semillas de amapolas de opio, que tenían poder analgésico. Los hongos alucinógenos se consumían para aumentar el rendimiento.
Destaque alguna anécdota relacionada con el consumo de alimentos o bebida
Se dice que el griego Spiridon Louis, vencedor de la primera maratón olímpica (1896), se comió una gallina entera antes de la competición. Y el estadounidense Thomas Hicks llegó a la meta en estado de embriaguez a causa de la estricnina y el brandy que había bebido durante la carrera.

Los alimentos en la Grecia antigua

La base de la alimentación eran LOS CEREALES. De hecho, los primeros cocineros griegos fueron panaderos. Se comía pan de trigo, pero eran más populares, por su menor precio, las tortas de cebada. A base de cebada, agua y especias se hacía un caldo muy básico llamado κυκεών.Se usaba en los misterios de Eleusis (ritos de iniciación al culto de los dioses de la agricultura) para romper el ayuno sagrado, pero también era una bebida muy apreciada por los campesinos. Se le atribuían propiedades digestivas.

LA LEVADURA. Fueron los griegos quienes inventaron el horno. Solón recomendaba reservar el pan de trigo, artos, a los días festivos. (En la época arcaica, la maza de cebada constituía la base de la alimentación). El arte de los panaderos griegos consistió no sólo en la diversidad de la composición de la masa del pan, sino, sobre todo, en sus variadas formas, que según parece se adecuaban a las fiestas. 

ACEITE DE OLIVA. Es la grasa más utilizada, y no solo para la cocina: el de primer prensado se utilizaba para comer, el de segundo para el cuerpo y el de tercero para alumbrar. 
EL PESCADO. Se cocinaba con orégano, hinojo y comino. Tras la sardina y el boquerón, especies más baratas, el pescado más consumido era el atún, que se conservaba en aceite de oliva pero también se utilizaban los moluscos, el pulpo y los calamares.

 

LA CARNE. Los griegos comían todas las carnes que hoy conocemos. La que menos consumían era la carne del buey. La que más, el cordero, que junto con el cerdo se preparaban asados y los guisados con de hierbas aromáticas. En el campo se comía muy frecuentemente carne de caza y pescado de río. El caldo negro de los espartanos se elaboraba con carne de cerdo. Para conservar carnes y pescados, se recurría a la salazón o al ahumado.

LAS LEGUMBRES. La lenteja es de origen indio pero desde 2.000 años a.C. ya se cultivaba en todo el Mediterráneo oriental. Tanto Hipócrates como Dioscórides lograron con ellas curaciones sorprendentes, y aunque Galeno las quiso suprimir por peligrosas, nadie siguió su consejo.

LAS HABAS. Según la leyenda, eran originarias de Afganistán y el viento propagó su semilla e invadió todas las tierras del Mediterráneo. Cocidas o en harina mitigaron la hambruna cuando las cosechas eran malas; pero a pesar de que el nombre de haba (faga en latín) deriva del griego φάγειν – comer-, con Pitágoras comienza su leyenda negra. Éste aseguraba que dentro de las habas se albergaban los espíritus de los muertos y, además, si les daba el sol su olor semejaba al del esperma del hombre. Sin olvidar que, cuando germinaban, tomaban la forma del órgano femenino.

EL ARROZ. Originario de la India, era conocido por los griegos, pero a partir de Alejandro Magno es cuando se intensifica su cultivo. Igual sucede con la lechuga, tal vez porque Alejandro comía grandes cantidades, quizás para serenar su ardiente espíritu. Pitágoras la llamaba la planta de los eunucos, y la recomendaba como tranquilizante sexual.

HIERBAS AROMÁTICAS Y ESPECIAS. En un buen banquete no podía faltar el perejil, el anfitrión imponía a sus huéspedes y a él mismo artísticas coronas de perejil, y cocinado abría el apetito y proporcionaba un humor excelente. Se usaban también en abundancial laurel, tomillo, orégano, retama, salvia, cilantro y malva. Para preparar las cataplasmas y tisanas medicinales usaban el hervido.

LA PIMIENTA. Del griego πέπερι y del latín piper, mientras que pimienta en sí deriva de pigmentum. Hipócrates (s.V a.C), la prescribe como medicamento. El jengibre, que llegó a Grecia con las campañas de Alejandro Magno, Se tomaba molido en jarabe.

EL AZAFRAN era considerado afrodisíaco, y, además, válido para las mujeres. También tenía otra virtud: servía para depilarse, naturalmente los ricos. Para los griegos poseerlo era como emular a Zeus, que dormía en un lecho de azafrán.

LÁCTEOS. La leche era de oveja o de cabra ya que la de las vacas apenas si alcanzaba para amamantar a sus terneros. La mantequilla  es conocida, pero también poco empleada: los griegos consideraban su uso como una característica de los tracios del norte del Egeo, a los que el poeta cómico Anaxándridas llama los «comedores de mantequilla». En cambio, aprecian los productos lácteos. Se sirve como dulce lo que debía parecerse al yogur, en griego πυριατή. Sobre todo, el queso (τυρός), de cabra o de oveja, era un alimento básico. Se vende en conserva o fresco, costando el primero los dos tercios del precio del segundo. Se come solo o mezclado con miel o legumbres. Es ingrediente básico en la preparación de buen número de platos.

VERDURAS. Los cereales se sirven a menudo con un acompañamiento llamado genéricamente ὄψον / ópson. La palabra designa  todo lo que acompaña al pan. Este significado fue trasformándose con el tiempo. Por ejemplo, en la Ilíada y en la odisea, puede referirse a la carne o al pescado. En la época clásica, se trata más bien de verduras o legumbres en sopa, hervidas o en puré, condimentadas con una especie de vinagreta. Aristófanes muestra a Heracles como gran consumidor de purés (en sus comedias, siempre aparece como un glotón impenitente).

Col, repollo y berza eran las verduras por excelencia para depurar la sangre; tenían, y tienen, la virtud de diluir las grasas por lo que se recomendaba su ingestión en todos los banquetes. Pero de las tres variantes la más alabada era la col. Sabemos que Diógenes se mantenía en su famoso tonel tomando, simplemente, col y agua para llegar a octogenario.

FRUTAS. Las aceitunas son una guarnición corriente, crudas o encurtidas. En la ciudad, las verduras frescas son caras y se consumen poco: los ciudadanos poco afortunados se conforman con las verduras secas. Las cebollas son uno de los símbolos de la vida militar: Aristófanes llama en La paz “flato de comedor de cebollas” al típico del soldado. Las frutas, frescas o secas, se comen en el postre. Son principalmente higos, granadas, castañas nueces y avellanas. Los higos secos o frescos se consumen igualmente en el desayuno o aperitivo, junto con el vino. Platón los consideraba alimento de atletas. Eran tan apreciados en el Ática que se prohibió su exportación. La recolección jamás se producía antes de que los sacerdotes sicofantas (reveladores del higo) anunciaran de modo oficial su madurez. Posteriormente, se dio este nombre a quienes denunciaban el contrabando de higos, y más tarde, a todos los delatores y chantajistas. Encontramos en el mito de Hércules las manzanas, en su viaje al jardín de las Hespérides. Es posible que se tratase en realidad de naranjas. Apreciados especialmente eran los membrillos (manzanas cidonias).

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